Las expediciones suelen avanzar abriéndose paso, pero Tara Polaris I confía en el método contrario: dejarse atrapar por el hielo de la banquisa del océano Ártico y dejarse arrastrar por la deriva del hielo polar. La expedición partió de Lorient en julio para un periplo científico de dieciocho meses continuados.
La Tara Polar Station está diseñada para soportar la enorme presión de la banquisa durante largo tiempo, convertida a la vez en nave, observatorio climatológico y laboratorio multidisciplinar, con el objetivo de estudiar un territorio inaccesible, sobre todo durante la larga noche polar.
A bordo, investigadores internacionales analizarán la atmósfera, la física del hielo y la biodiversidad marina desde la superficie hasta las profundidades abisales, monitorizando en tiempo real cómo el calentamiento global está transformando el ecosistema ártico mucho más rápido que en cualquier otra región del globo.
Heredera de la legendaria deriva del Fram de Fridtjof Nansen a finales del siglo XIX, la misión demuestra que la exploración polar contemporánea sigue dependiendo del ingenio náutico para transformar la naturaleza más inhóspita en una plataforma de conocimiento científico.