El 26 de agosto, parte del glaciar de Langtang Lirung se desplomó sobre un valle del norte de Nepal. El impacto fue tan violento que generó una señal sísmica equivalente a un terremoto de magnitud 5,2 y desencadenó una avalancha de agua, hielo y detritos.
La riada recorrió cerca de cien kilómetros siguiendo los valles de Lende Kholā y del río Trishuli, destruyendo infraestructuras y afectando a poblaciones de una región montañosa donde el acceso terrestre resulta especialmente difícil.
Los satélites Sentinel-2 y Landsat-9 han permitido reconstruir el episodio comparando imágenes tomadas antes, inmediatamente después y durante los días siguientes. Los sensores infrarrojos ayudan además a distinguir agua y hielo incluso cuando buena parte del Himalaya permanece cubierta por nubes.
Aquí la exploración no consiste en llegar físicamente al lugar, sino en observar un territorio cuando resulta prácticamente inaccesible. Desde cientos de kilómetros de altura, los satélites permiten reconstruir en horas cómo una montaña ha cambiado de forma y hasta dónde llegaron sus consecuencias.