NASA ha seleccionado PRIMA como la primera misión de una nueva clase de observatorios espaciales, los Probe Explorers. Su territorio será una región del espectro difícil de observar desde la Tierra: el infrarrojo lejano.
En esas longitudes de onda se esconden procesos que el polvo vuelve casi invisibles para otros telescopios. PRIMA estudiará la formación de planetas y estrellas, la evolución de las galaxias, el crecimiento de agujeros negros y la historia del agua a escala cósmica.
La misión acaba de entrar en la fase B de desarrollo, dedicada a madurar el diseño preliminar y las tecnologías necesarias. Todavía no estamos ante un telescopio listo para el lanzamiento, sino ante el comienzo formal de su construcción como misión científica.
Cada nueva ventana del espectro transforma de algún modo el cielo. PRIMA intentará explorar aquello que brilla sobre todo en frío: regiones ocultas por polvo, moléculas y materiales que contienen parte de la historia de cómo aparecieron mundos como el nuestro.