Cuando Perseverance llegó a la unidad marginal del cráter Jezero, los científicos esperaban encontrar rocas formadas principalmente por el antiguo lago que ocupó aquel lugar. Los análisis del rover han revelado algo bastante más complicado.
A lo largo de unos 265 metros de desnivel, Perseverance encontró rocas que registran episodios muy distintos: materiales apenas alterados por el agua, antiguos lagos, circulación de aguas subterráneas y fluidos calientes de posible origen hidrotermal.
La presencia de carbonatos había sido detectada desde órbita y se interpretaba sobre todo como consecuencia del lago. Los datos obtenidos sobre el terreno muestran ahora que aquella región fue un cruce de varios sistemas acuosos, activos en momentos diferentes de la historia marciana.
Jezero deja así de parecer el escenario de un único lago antiguo. La exploración robotizada está reconstruyendo un paisaje que cambió repetidamente, con agua en superficie y bajo tierra. Para buscar antiguos ambientes habitables, esa complejidad importa tanto como encontrar agua alguna vez.