Este verano, mientras Groenlandia vuelve a ocupar titulares por el retroceso de sus hielos, un grupo de científicos navega por los fiordos orientales para acercarse precisamente a uno de los lugares donde ese cambio puede observarse de manera más directa: allí donde el hielo continental termina por quebrarse y entregarse al océano.
La expedición GIANT, embarcada en el rompehielos polar RRS Sir David Attenborough, intenta medir de cerca un proceso que a menudo se estudia desde el aire o mediante satélites: la interacción física entre las aguas oceánicas cálidas que penetran en los fiordos y las lenguas sumergidas de los grandes glaciares marinos.
Hace unos días, los investigadores contemplaron cómo una enorme sección del glaciar Sorgenfri se desgajaba y caía al mar con estruendo, generando un oleaje que puso a prueba las balizas batimétricas y los sensores de conductividad instalados a pie de pared de hielo.
Los datos recogidos por GIANT servirán para afinar las previsiones sobre la subida global del nivel del mar, en un escenario donde los modelos climáticos actuales todavía tienen dificultades para reproducir la velocidad con la que se desestabilizan los casquetes polares.