Los denisovanos siguen siendo uno de los grupos humanos más enigmáticos del Pleistoceno, conocidos durante años por poco más que fragmentos de huesos y ADN. La cueva de Bianfu, en Yunnan, empieza a cambiar esa situación.
El análisis de decenas de miles de fragmentos óseos ha permitido identificar mediante paleoproteómica nuevos restos denisovanos: fragmentos de cráneo, dientes y parte de un radio. El conjunto amplía de manera extraordinaria el registro de estos humanos fuera de la cueva siberiana de Denisova.
Bianfu conserva también herramientas de piedra y hueso, fauna y datos ambientales. En conjunto, dibujan comunidades que cazaban de manera especializada animales medianos y grandes y que ocuparon repetidamente aquel territorio durante alrededor de 120.000 años.
Los denisovanos empiezan así a dejar de ser únicamente una firma genética. Bianfu permite acercarse a cómo eran, qué cazaban, qué herramientas utilizaban y cómo ocuparon uno de los grandes corredores entre Asia oriental, el Himalaya y el sudeste asiático.