Una expedición a las aguas termales del parque volcánico Lassen, en California, buscaba organismos capaces de soportar temperaturas extremas. Allí apareció una nueva especie que ha obligado a desplazar uno de los límites conocidos de la vida compleja.
Incendiamoeba cascadensis puede alimentarse, desplazarse y reproducirse a 63 °C, una temperatura superior a la registrada hasta ahora para cualquier organismo eucariota capaz de prosperar activamente. En condiciones aún más calientes puede enquistarse y sobrevivir durante breves periodos hasta unos 70 °C.
La resistencia parece apoyarse en mecanismos celulares destinados a estabilizar proteínas y reparar daños en el ADN, algunos semejantes a los utilizados por microorganismos extremófilos mucho más simples.
El hallazgo interesa también más allá de la biología terrestre. Cada vez que ampliamos las condiciones en las que sabemos que puede mantenerse una célula compleja, cambia ligeramente el territorio en el que tiene sentido buscar vida: en fuentes hidrotermales de la Tierra o, algún día, en otros mundos.