Hace decenas de miles de años, mientras enormes regiones de Eurasia soportaban temperaturas mucho más bajas que las actuales, grupos humanos siguieron ocupando territorios donde sobrevivir exigía algo más que abrigo y fuego. El ADN de antiguos habitantes de Japón empieza ahora a mostrar que parte de aquella adaptación pudo quedar escrita también en sus genes.
Un nuevo estudio ha analizado el genoma de 42 individuos pertenecientes a poblaciones Jōmon, 25 de ellos secuenciados por primera vez. Los investigadores han podido reconstruir con mayor precisión su historia demográfica y compararla con poblaciones antiguas y modernas de Asia, Siberia, Oceanía y América.
Los resultados apuntan a cambios genéticos relacionados con el metabolismo y la adaptación al frío que pudieron favorecer la supervivencia durante el Último Máximo Glacial. Los Jōmon aparecen además como una población con una larga historia de aislamiento genético y una notable continuidad biológica.
La paleogenómica sigue transformando lo que sabemos sobre el poblamiento de Asia oriental. Más allá de los yacimientos y las herramientas líticas, el ADN antiguo permite rastrear cómo distintas poblaciones respondieron a las crisis climáticas del pasado y qué huellas de aquellas adaptaciones permanecen aún en el presente.